Diversidad

Diversidad

sábado, 14 de enero de 2017

ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD Y TRABAJO COOPERATIVO. Relato de una experiencia.



 “El concepto de escuela inclusiva parte de una descripción multifactorial, no puede abarcarse desde una única dimensión que la sintetice sino que se entiende como una especie de urdimbre que sustenta una educación nueva, la escuela para todos y todas. Su existencia será más sólida cuantos más elementos actúen simultáneamente de manera intencional. Será más consistente si es fruto de la reflexión compartida por toda la comunidad educativa y de la valoración de los avances experimentados en la propia comunidad escolar.
Asumimos como una posible definición de escuela inclusiva aquella que postulan autores comprometidos con la inclusión educativa como Ainscow, Booth y Dyson (2006)  y Echeita y Duk (2008):
“La escuela inclusiva es aquella que garantiza que todos los niños, niñas y jóvenes tengan, acceso a la educación, pero no a cualquier educación sino a una educación de calidad con igualdad de oportunidades para todos y para todas”.
La inclusión educativa supone garantizar el derecho a la educación de todo el alumnado e implica la superación de toda forma de discriminación y exclusión educativa”.[1]

Al recordar esta frase viene a mi mente el recuerdo de “Sala Verde” y de qué manera, con algunas ideas claras, algo de tecnología (lo mínimo indispensable), una mirada proyectiva de los alumnos (que se origina en un diagnóstico social y pedagógico preciso), y muchas ganas de enseñar, el docente logra que sus alumnos adquieran una educación de calidad y con igualdad de oportunidades.

La docente describe características y situaciones de prejuicios, al momento de conocer a sus alumnos. Este es el relato:
“Durante los últimos días del mes de Junio de 2015 tomo el cargo de la 3 sección B del turno mañana: “la incontrolable sala verde”
En un comienzo, el grupo de niños se ha manifestado agresivo, conversador, inquieto y algo desorganizado. Distraídos en clases expositivas: no lograban escuchar ni escucharse.
Comenzamos día a día recordando pautas y normas necesarias para la convivencia dentro de la sala: respeto por los adultos y sus pares, escuchar a los pares, pedidos cordiales, hablar en tono bajo y sin necesidad de gritar, llevar a cabo consignas presentadas por la docente, cuidar las propias pertenencias y las de los demás, escucharnos entre todos, etc.
El grupo ha ido aceptando e incorporándolas, mostrándose reflexivos ante cualquier inconveniente. Nos hemos detenido en cada conflicto, dialogamos entre todos, los alumnos expresan sus puntos de vista e insistimos en respetar los turnos de habla y en escuchar al otro.
Mediante la reflexión y actividades puntuales, el grupo comenzó a avanzar en la atención, la escucha y el trabajo. Los alumnos demostraron gusto por aprender haciendo, llevando a cabo su propia experiencia con los conocimientos nuevos, es por eso que durante las primeras semanas se han trabajado actividades de reconocimiento entre el grupo y la docente, es por eso, que poco a poco han demostrado confianza con el adulto, el cual les ha dado lugar para que cada uno se exprese y se sienta escuchado, siendo esto de gran importancia para avanzar a diario.
Se han llevado a cabo juegos grupales en los cuales han resuelto consignas juntos, quedando en claro que no es necesario competir hasta pelear, y siendo lo más importante participar y divertirse. También juegos dramáticos, en los que asumieron roles e interacuaron haciéndose pasar por otras personas, perdiendo de esta manera el miedo y la timidez.
Luego del receso invernal se planificaron situaciones didácticas que ampliaron conocimientos curriculares, trabajando grupalmente y atendiendo las necesidades de los alumnos.
Pese a los inconvenientes los alumnos han demostrado poseer conocimientos amplios de los contenidos abordados a lo largo del año.”

                                                                               CORA BRAVO (docente)




Cuando un docente se propone enseñar y dejar huellas, tiene claro su rol y su postura inclusiva. Sabe que puede lograrlo porque confía en su accionar y en sus convicciones. No será necesario una licenciatura, ni un “don” especial, tampoco una escuela sofisticada, moderna, con recursos abundantes….
Esta experiencia fue realizada en un jardín de infantes estatal, de gestión pública del conurbano bonaerense, que atiende a una comunidad social, económica, pedagógica y culturalmente diversa, con una docente recientemente recibida, pero con ideas claras, ganas de enseñar y aprender, una mirada proyectiva de su grupo de niños, y  que con el propósito de atender a la diversidad,  se propuso:

  • ·         diferenciar las características del grupo
  • ·         identificar las necesidades
  • ·         conversar con los padres
  • ·         trabajar en pareja pedagógica (co-enseñanza)

Los niños tuvieron la posibilidad de priorizar  los temas a abordar, cuando el docente les presentó una planificación anual, y les dio a conocer el PI (Proyecto Institucional) enmarcado en el área del ambiente social y natural. Al realizar las evaluaciones de años anteriores, pudimos observar que algunos conocimientos relacionados con la biología, física, química, los materiales, cambios, reversibilidad, diversidad… no habían sido abordados. Otra situación motivante para este proyecto, fue el trabajo con material descartable que realizamos en años anteriores: hablar de sustentabilidad, qué hacemos con la basura, y como podemos aprender a cuidar el medio ambiente, fue un excelente inicio para comenzar a transformar los residuos y reciclarlos. Los contextos cercanos al jardín, como por ejemplo el arroyito y el Río Reconquista, la planta de valoración de residuos sólidos, programas municipales sobre separación de residuos y reciclado, fueron fuente de recursos y disparadores para las propuestas de enseñanza.
 
Esto constituyó un punto de partida claro, conformado por los saberes previos, la elaboración de un preciso diagnóstico pedagógico y social, que dio cuenta de la información recolectada en las entrevistas iniciales y en las primeras observaciones de los niños. Fue muy importante diseñar las situaciones de coenseñanza posibles:
Trabajo en pareja pedagógica: con la preceptora, con el equipo directivo, con los profesores especiales, con las demás docentes colaboradoras (como las que están con cambio de funciones, que desde un rol pasivo también colaboraron desde la observación, anotando resultados, reparando el material, acondicionando la sala, colaborando en la planificación, consiguiendo las visitas educativas motivantes para el desarrollo de la propuesta pedagógica)
Identificar las posibles ayudas familiares: un buen diagnostico social y de contexto le dio al docente la información concreta.
Los auxiliares porteros también ayudaron desde su rol, para el mejor desarrollo de los proyectos: hubo que mantener comunicación fluida con ellos acerca del proceso de aprendizaje de los niños: acondicionar las clases abiertas, estar preparados para las reuniones de padres, momentos extras de utilización de diferentes espacios (patios, galerías, exteriores…)
 Cuando estas cuestiones fueron tomadas en cuenta, diagramadas y comunicadas, entonces sí,  se dispuso a diseñar líneas de acción,  seleccionando y abordando en primera instancia contextos conocidos por los niños y luego aquellos: los desconocidos, lejanos, pero anhelados por ellos.
     «Una escuela selectiva sólo quiere a aquellos discípulos que pueden comer el menú que tiene preparado de antemano: un currículum prefijado. Ni siquiera se conforma con preparar un menú especial –un currículum adaptado- para un estudiante que tiene problemas para comer el menú general, es decir, el currículum ordinario, general, como de hecho está ocurriendo en muchos procesos de integración escolar. Una escuela inclusiva es muy diferente. Una escuela inclusiva es aquella que adecua el menú general para que todo el mundo pueda comerlo, para que sea un currículum común, y lo hace compartiendo un espacio y un tiempo escolar, porque  detrás de cómo y de qué se enseña hay unos determinados valores que configuran una forma muy determinada de vivir” (Pere Pújalas Maset, 2001)
De esta manera, fue diseñando, planificando, delineando intervenciones educativas que promovieron un trabajo grupal cooperativo.
                            
El rol del docente es fundamental. Es el arquitecto del aprendizaje de sus alumnos. Pero no trabaja solo. Lo acompaña una escuela: un grupo de docentes y no docentes que comparten esta mirada trabajando cooperativamente (desde el director, personal auxiliar, Prof. especiales, EOE, personal administrativo y también los padres).

“Cuando hablamos de trabajo en equipo, ¿de qué estamos hablando? ¿Acaso se trata de un simple agruparse, distribuir tareas y materiales, trabajar cada uno por su cuenta y luego unificar los resultados? Ciertamente no. El trabajo en equipo es mucho más que eso, es cooperar unos con otros para aprender juntos y potenciar los resultados del aprendizaje”.[2]
Los principales componentes para garantizar un aprendizaje cooperativo, son: [3]
1.    Interdependencia positiva
2.    Responsabilidad individual y grupal
3.    Interacción estimuladora
4.    Habilidades interpersonales y grupales
5.    Evaluación grupal.
Estos cinco componentes están basados en la cultura de la colaboración en la escuela y constituye el principio y fundamento, el punto de partida, para el trabajo cooperativo. Si los docentes no trabajan en equipo, si en la escuela no se respira un aire de cooperación mutua, no se les puede pedir a los alumnos que trabajen y aprendan de la misma manera. 
 







 Definiremos el aprendizaje cooperativo, como una estrategia didáctica que hace énfasis en la organización de los alumnos en grupos heterogéneos, (es decir, deben estar conformados por alumnos con niveles de rendimiento y ritmos de trabajo diferentes, de manera que los más avanzados afiancen sus conocimientos ayudando a los que tienen más dificultades y, por su parte, estos últimos puedan avanzar e integrarse al grupo) para la realización de las actividades áulicas. Esta organización, les propone trabajar juntos para lograr objetivos comunes, maximizando el propio aprendizaje y el de los demás, trabajando y colaborando con otros. De esta manera, los alumnos interactúan comunicando sus propias ideas, consideran nuevas alternativas para resolver las diferentes actividades, reelaboran sus propios saberes… construyendo socialmente sus conocimientos
Por su parte, el docente tiene un rol definido:
·         Observar y supervisar la dinámica del grupo, e intervenir, solo en algunas oportunidades, para facilitar la ejecución de la tarea o para enseñar a sus integrantes a trabajar de forma cooperativa.
·         Orientar la comunicación y las interacciones entre los alumnos, sin querer controlarlas, sino más bien respetando la diversidad de intereses, talentos y ritmos de trabajo.
·         No intervenir excesivamente, sino cuando sea estrictamente necesario, para que sean los alumnos mismos quienes superen sus dificultades.
·         Tener en cuenta el comportamiento o la conducta de los alumnos, y si están acostumbrados a trabajar en grupo o no, para dar tiempo a que progresivamente lleguen al trabajo cooperativo.
·         Poner en práctica tareas que favorezcan la interacción entre pares o en grupos (tomar apuntes, hacer resúmenes, leer y comentar un texto, redactar, resolver problemas, discutir algún tema, etc.).
·         Supervisar la interacción entre los integrantes y evaluar sus progresos.
·         Favorecer la autoevaluación por parte del grupo y de cada alumno.
              
Para lograr un verdadero aprendizaje cooperativo es imprescindible que en las aulas se ofrezcan reales y verdaderas oportunidades de trabajo en equipo. Si el docente simplemente da la consigna de dividirse en grupos y luego distribuye tareas y materiales, no será suficiente. Para que se dé un verdadero trabajo conjunto, los docentes deben:
·         planificar las clases cooperativas
·         proponer tareas complejas, motivadoras y desafiantes
·         dar tiempo pero a la vez exigir esfuerzo
·         organizar cuidadosamente el espacio y el tiempo
·         brindar a los alumnos distintas herramientas intelectuales, sociales y organizativas, y
·         evaluar no solo el producto del grupo, sino también el proceso y la participación de cada integrante. [4]

Más allá de los discursos, invito a los lectores docentes a poner en práctica la enseñanza aceptando  la diversidad en el aula y a los directivos, a fomentar el trabajo cooperativo, organizando la institución en este sentido.
                    
Educación inclusiva y aprendizaje cooperativo son dos conceptos distintos pero estrechamente relacionados: las aulas inclusivas requieren una estructura cooperativa de la actividad, y educar los valores relacionados con la cooperación exige que las aulas sean inclusivas. Pasar de una estructura de la actividad individualista y/o competitiva a una estructura de la actividad cooperativa es un elemento trascendental para hacer posible la inclusión de todo el alumnado en un aula común[5].
             
           


[1] Plan Estratégico de Atención a la Diversidad en el marco de una Escuela Inclusiva. Administración de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Departamento de Educación, Universidades e Investigación. Abril 2012.
[2] Castañer, E. A. El aprendizaje y el trabajo cooperativo en las aulas. Sociales y Virtuales, 1. (2014).
[4] Rottemberg y Anijovich, 2007
[5] PERE PUJOLÀS MASET. Aulas inclusivas y aprendizaje cooperativo. Universidad de Vic. Año 2011.

No hay comentarios:

Publicar un comentario